jueves, 31 de mayo de 2007

Ayer mientras venía de comprar me asaltó un hecho poético, mira tu.
Me acordé en aquel momento de la anonima encargada de la sección de discos de PRYCA que dia tras día se aseguraba de que apareciera, en lugar destacado y sin nada alrededor, un CD de Keith Sweat. Años después lo compré y me di cuenta de por qué lo colocaba en ese lugar tan destacado, detrás del lugar donde se colocaba ella. Cambiaban los demás discos y hasta el mobiliario , pero durante al menos un par de años vi allí el disco de Keith Sweat. Nunca la olvidaré, aunque el unico recuerdo que tengo de ella es su disco.

Lo mismo me ocurrió con una librería. En el escaparate había libros que cambiaban, pero siempre en lugar destacado estaba el mismo libro: Stanislav Lem: memorias encontradas en una bañera
Años después me enteré de quien era Lem, hasta entonces escritor desconocido y, presuntamente, coñazo. Cuando la creatividad desbordante del Lem cambió varios momentos de mi vida, pensé que ese librero merecia una especial compensación por mi displicencia y mis prejuicios.

Cuantos mas habrá por ahi pacientes, mostrando su descubrimiento, mirando alrededor apenados de lo que la gente se pierde en su ignorancia. Son como héroes silenciosos que no esperanc compensación. No van por ahí diciendo: "Yo leo autores raros y escucho música de importación, cuidado conmigo". Simplemente aupan a aquellos que han cambiado su vida y esperan con resignación. Quizá ni ella ni el vendieron un solo CD, un solo libro que les hubiera hecho pensar: Guau, este si que sabe. Quien sabe que mundos habrá por ahi ni por donde dejará volar la gente su imaginación. Lo que está claro es que nos quedan muchas puertas por abrir que no vemos y están delante de nuestras narices.

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